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El Síndrome de la "Lapa Cósmica": Por qué nos empeñamos en amar lo que ya huele a muerto

Seguro que has oído eso de que "el amor es libertad". Muy bonito en una taza de Mr. Wonderful o en un post de Instagram con un atardecer saturado de filtros. Pero seamos sinceros: para la mayoría de los mortales, el amor —especialmente el que se nos tuerce— se parece mucho más a un combate de lucha grecorromana contra un fantasma.

Hablo de ese momento en el que dejas de ser un "ser de luz" para convertirte en una lapa mística. Te aferras a una relación, a un ideal o a ese ex que claramente ya ha pasado página (y probablemente ya tiene una hipoteca con otra persona), como si tu iluminación personal dependiera de no soltar ese trozo de hierro ardiendo.

Hoy vamos a diseccionar por qué preferimos las cadenas conocidas al vacío de la libertad, y cómo el universo se ríe (con cariño, pero se ríe) de nuestra incapacidad para decir "adiós".

Un joven se aferra a una rama de árbol, con lágrimas en los ojos. Atrás la imagen de su ex amor



El Altar de la Toxicidad: Mi experiencia con el "Ex-Incienso"

Hace unos años, un amigo se obsesionó con una relación que tenía la estabilidad emocional de un flan en medio de un terremoto. Él, que se las daba de gurú de mercadillo, decía: "Es que es una conexión de vidas pasadas". Spoiler: No era una conexión de vidas pasadas, era una deuda de sueño presente y una incapacidad patológica para aceptar que el ciclo se había terminado.

Recuerdo que lo encontré una vez en su salón, rodeado de velas de sándalo (porque si vas a sufrir, que sea con buen olor), haciendo rituales para "limpiar la energía" de la pareja. Lo que realmente estaba haciendo era intentar reanimar un cadáver emocional. El universo le enviaba señales sutiles: se le rompían los platos, el gato le miraba con juicio clínico y, literalmente, se le fundió la bombilla del baño mientras lloraba.

El misticismo nos enseña la ley del desapego, pero nosotros la aplicamos como nos da la gana. Queremos desapegarnos de la hipoteca, pero del drama... ¡ah, el drama es el combustible del ego!

La Física Cuántica del "No te vayas, por favor"

Desde una perspectiva mística, todo es vibración. Cuando te aferras a algo que ya no vibra en tu frecuencia, generas una fricción que en el plano físico se traduce como gastritis, ansiedad y refrescar el perfil de WhatsApp de alguien cada 15 segundos.

Imagina que el universo es un gran río. La vida te dice: "Suéltate de la rama, que te llevo a una playa privada con barra libre de paz mental". Y tú respondes: "No, gracias, esta rama está astillada, me está cortando las manos y hay un nido de avispas, pero es mi rama y la quiero".

El amor enfermizo es, en esencia, un error de cálculo espiritual. Creemos que si soltamos, nos quedaremos vacíos. Pero en el esoterismo serio (no el de los horóscopos del periódico), el vacío es el estado de máxima potencialidad. Si tus manos están cerradas apretando las cenizas de una relación muerta, ¿cómo pretendes agarrar las nuevas oportunidades que te lanza el destino?

Nota para el navegante espiritual: El universo no tiene pérdidas, solo reciclaje. Si algo se va, es porque ya no tiene nutrientes para tu alma. Mantenerlo a la fuerza es como intentar cultivar tomates en el desierto usando Coca-Cola: una pérdida de tiempo y un desastre ecológico personal.

¿Por qué nos gusta tanto el grillete?

Aquí entra nuestro querido amigo el Ego. Al Ego le encanta la narrativa del "mártir del amor". Nos hace creer que sufrir por alguien nos hace más profundos, más románticos, casi personajes de una novela de Bécquer con fibra óptica.

  1. El Efecto "Tragaperras": Pensamos que si invertimos un poco más de sufrimiento, finalmente la otra persona cambiará y nos dará el premio gordo.

  2. El Miedo al Silencio: Estar encadenado a alguien, aunque sea mediante el dolor, nos mantiene ocupados. El silencio de la soledad nos obliga a escucharnos a nosotros mismos, y eso da más miedo que un maratón de películas de posesiones demoníacas.

  3. La Confusión Simbólica: Confundimos "intensidad" con "profundidad". Si no duele, parece que no es místico. Error. El sol no hace ruido al salir y es lo más potente que tenemos.

El Ritual del "Cierra la Puerta al Salir"

Si estás en ese punto donde sabes que deberías irte, pero tus pies parecen hechos de hormigón armado, te propongo un cambio de perspectiva. Deja de ver el final como una tragedia griega y empiézalo a ver como una exfoliación del alma.

En la alquimia, para obtener el oro, primero hay que pasar por la fase Nigredo (la oscuridad, la putrefacción). Aferrarse a lo que debe morir es interrumpir el proceso alquímico. Estás impidiendo que tu propio plomo se convierta en algo valioso porque te has encariñado con el color gris.

¿Cómo soltar sin morir en el intento?

  • Acepta que el "Para Siempre" es un concepto de marketing: En el plano espiritual, "para siempre" significa "mientras dure el aprendizaje".

  • Deja de espiar su energía: Bloquear en redes sociales no es inmadurez, es higiene astral. No puedes sanar una herida si te pasas el día hurgando en ella con un puntero láser.

  • Ríete de tu propio drama: Mírate al espejo cuando estés en pleno ataque de "no puedo vivir sin él/ella" y piensa: "Mira qué interpretación digna de un Oscar está haciendo mi ego hoy". La risa rompe contratos kármicos más rápido que cualquier decreto.


Conclusión: La Libertad es un plato que se sirve solo

El amor de verdad no encadena. Si te sientes como un prisionero en una celda de terciopelo, es hora de tirar las llaves y salir corriendo. No necesitas otra "charla definitiva", no necesitas "entender por qué pasó". Lo único que necesitas es la decencia espiritual de no tratar a tu corazón como si fuera un contenedor de basura para recuerdos tóxicos.

La próxima vez que sientas la tentación de aferrarte a alguien que ya se ha ido (aunque su cuerpo siga ahí), recuerda que el universo es infinito, pero tu tiempo en este envase biológico no lo es. ¿De verdad quieres pasar tus mejores años siendo el alcaide de tu propia prisión amorosa?

Suelta la rama. El agua está fría al principio, pero te aseguro que sabes nadar.


¿Sientes que estás vibrando en la frecuencia de la "lapa" o ya has empezado a nadar a favor de la corriente? Cuéntame en los comentarios cuál ha sido esa "rama" a la que más te costó soltarte (prometo no juzgar, yo sigo intentando no stalkear a mi primer amor de primaria).

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