Estos días, buscando una lectura relajada para las navidades, me he sumergido en las páginas de El último secreto de Dan Brown. Más allá de la trama, me detuve en un dato curioso que aparece al principio de la historia: el símbolo religioso más universal no es la cruz, como solemos pensar, sino el halo.
Aunque lo asociamos rápidamente con el arte cristiano, el halo (o nimbo) es un elemento transcultural que aparece en el antiguo Egipto, el budismo, el hinduismo y la mitología griega mucho antes de su adopción por la Iglesia.
La estética del halo ha ido evolucionando según la época y lo que el autor pretendía transmitir. Generalmente, lo identificamos de tres maneras:El Nimbo Circular: Un disco u óvalo situado detrás de la cabeza, simbolizando una luz que emana del personaje.
La Aureola Flotante: Un anillo que levita sobre el cráneo sin tocarlo, muy común en las representaciones del Renacimiento tardío.
El Halo Radiante: Una serie de rayos que emanan directamente de la región craneal, sugiriendo una expansión activa de la energía o divinidad.
Aunque el nombre varía entre halo, nimbo o aureola, su esencia suele remitir a un nivel elevado de conciencia. Sin embargo, existe un matiz geográfico interesante:
En Occidente: Se interpreta mayoritariamente como iluminación espiritual o santidad otorgada por la gracia divina.
En Oriente: Suele representar la fuerza vital (Prana o Qi) o una energía interna acumulada a través de la meditación y el despertar espiritual.
La representación del halo no es azarosa y su código visual puede ser complejo. Por ejemplo, en el arte bizantino y medieval, el halo ayudaba a establecer una "jerarquía de luz":
El color como brújula moral: Mientras que los ángeles y santos visten aureolas doradas o amarillas (símbolo de la luz solar y lo divino), los ángeles caídos o figuras bajo juicio a veces se representan con nimbos negros, simbolizando la ausencia de luz o la "iluminación invertida".
Variaciones de forma: Curiosamente, no siempre fue circular. En algunas épocas, el halo cuadrado se utilizaba para indicar que el personaje representado seguía vivo en el momento de realizarse la obra (común en retratos de Papas o donantes), reservando el círculo para los muertos santificados.
Confusión y estética: En ciertos periodos, el halo se funde de forma casi imperceptible con el cabello o los tocados, lo que ha generado debates entre historiadores del arte sobre si se pretendía señalar una cualidad divina o simplemente una moda de la época. Incluso existieron restricciones históricas donde, en ciertas culturas, se excluía a las figuras femeninas de esta distinción.

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